Chicas y chicos, no le hagan caso a sus maestros

Por Luis Fernando Alejos

Si algo me saca de quicio, es que se le dé un micrófono a la gente equivocada. Cuando hace algunos días, Rodolfo Quezada Toruño, máximo representante de la iglesia católica en Guatemala (al sacerdote se le olvida la naturaleza laica del Estado de Guatemala, pero bueno… siempre necesita atención, mi gordo), convocó a una conferencia de prensa, demostró una vez más que es un tipo sin ningún rastro de conciencia social. Instrumento abortivo en mano, instó al pueblo católico a desobedecer  la recién aprobada Ley de Acceso Universal y Equitativo de Servicios de Planificación Familiar. Esta ley, y su integración al reglamento del Programa Nacional de Salud Reproductiva, le permitiría a estudiantes de cuarto a sexto primaria, obtener información relacionada con sexualidad, maternidad y paternidad responsables, ITS’s y Vih/Sida. “¡Corran chicos y chicas, penetren y dejen que los penetren, ahora que tenemos toda la información que papi y mami prefieren no discutir en casa, eso es lo que deben hacer!”.

Pregunto: ¿cómo la aprobación de esta ley se traduce en la mente de Quezada Toruño, en un instantáneo repunte de abortos clandestinos en nuestro país? Créanme… yo tampoco tengo la respuesta. “Si los jóvenes -desde antes de la edad en que ya pueden tener sexo- tuvieran acceso a información científica y confiable sobre enfermedades venéreas, las causas del embarazo, las responsabilidades que implica tener un hijo, y otras cosas parecidas, ¿cuántas vidas se salvarían? Y con esto no sólo me refiero a salvarlas de la muerte; sino a salvarlas de una condena en vida en el caso de que tengan hijos que no desean.”, reflexiona Luis Figueroa, en una entrada reciente de su blog.

Aunque habría que esperar a tener acceso al material informativo que se desea llevar a las aulas de los y las estudiantes, antes de maldecir su contenido o referirnos a él como “esa porquería” (tal y como hizo ya el nada lúcido Cardenal), no quisiera imaginar el debate que pudiera desatarse si en vez de la clásica penetración vaginal que evoca la palabra sexo en nuestro país, mencionáramos algo más cotidiano y sin secuelas tan dramáticas: la masturbación.

Sería algo digno de video fetichista: observar al dueño de la sotana chapina manipulando un dildo de alta tecnología o, no seamos tan aspiracionales, un rollo de papel higiénico, los artículos culpables de los prematuros juegos a los que podrían acceder la niñez de Guatemala, si tan solo supieran de su existencia.

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Fuente: BANGUAT

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